jueves, 28 de febrero de 2019

El Director de la Orquesta

Hace poco leí una publicación corta que decía "Nadie es indispensable, todos somos reemplazables". Esta es una afirmación que dependiendo del momento en que se diga puede resultar una verdad absoluta, un buen consejo, una gran motivación para un empleado o puede ser una completa mentira que sólo busca justificar una decisión errónea.

En la mayoría de las ocasiones si es cierto que todos somos reemplazables, no somos tan extremadamente buenos haciendo algo como para que alguien no pueda ser contratado para efectuar las mismas tareas que nosotros realizamos, sobre todo en aquellas que son de primera línea - por favor imagínese usted lo que quiero decir con esto - y de tanto en tanto también algunas posiciones de jefatura pueden ser reemplazadas. Con seguridad no podemos darnos el lujo de dejar fuera del juego al dueño de la pelota pues sin él, pues eso... no habría pelota para jugar. Pero esta entrada es para hablar de lo que yo he definido como "Despedir al Director de la Orquesta".

Hace muchos años tuve la oportunidad de ser el jefe de un grupo de muchachos que luego de mucho trabajo, desempeñaban su labor de una manera verdaderamente admirable. Yo dejé de tomar decisiones, yo dejé de supervisar la mayoría del trabajo y enfocaba mi esfuerzo en buscar nuevas áreas de mejoramiento y sobre todo de trabajar en equipo con el departamento de ventas. Se imaginan cuan grande fue mi sorpresa cuando la "gerencia general" me llamó para informarme que había notado que yo "casi no trabajaba". La verdad que me tomó por sorpresa y en aquel momento no supe que responder. Días después regresé con mi jefe y le expliqué la  metáfora que ahora les comparto:

¿Qué hace el director de una orquesta? Si se ve de una manera bien simple: No hace mucho. Se para al frente de los músicos con su palito, mueve las manos y en realidad todos saben lo que deben hacer, todos tocan la partitura y todos pueden llevar el tiempo. Si usted quita al director de la orquesta y lo reemplaza por cualquier otro, la orquesta seguirá tocando su música y terminará la pieza bien, posiblemente terminen bien el concierto y dependiendo de cuanto hayan practicado, pueden terminar su gira o temporada de conciertos y nadie notará la ausencia del antiguo director de orquesta. ¿Es este un buen momento para afirmar que "nadie es indispensable". Desde luego si desechamos el mérito que fue el antiguo director quien escogió a los músicos, escogió a los virtuosos, escogió las piezas que se ejecutarían durante la temporada y ensayó al lado de los músicos... la respuesta es si, el director ahora es reemplazable, ahora puedo contratar a otro director y pagarle la mitad de lo que pagaba al antiguo director de orquesta y posiblemente nadie notará la diferencia. Pero ¿Seguirá la orquesta funcionando igual de bien con el pasar de los meses y de los años? La respuesta es un contundente NO. 

Yo hice el mismo trabajo de organizar un grupo de trabajo dos veces y fueron grandes equipos de trabajo, a mi salida el equipo incluso quedó preparado para seguir adelante sin mi, yo mismo seleccioné a mi sucesor y aquellas orquestas funcionaron bien durante muchos años. Ahora, mucho tiempo después de mi salida, veo como todo el trabajo que hice se ha perdido. Cambiaron a los directores que yo dejé y contrataron nuevos, más baratos desde luego. Funcionaron más o menos bien durante algunos meses pero el tiempo es la mejor prueba de que hay quienes no son reemplazados de la forma apropiada. Yo fui fácilmente reemplazable por las personas que yo mismo elegí y preparé. Los que sucedieron a estos, producto de decisiones de personas ajenas al departamento en cuestión, obraron mal y las consecuencia la pagan los clientes actuales que se encuentran insatisfechos.

La próxima vez que piense en reemplazar a alguien porque parece que no hace mucho, pregúntese ¿Será que este es un excelente director de orquesta y las cosas funcionan bien por todo lo que ha hecho antes del día de hoy? Desde luego que si lo que quiere únicamente es llegar a su meta y ganarse el bono, puede hacerlo y le va a funcionar bien la jugada, pero téngalo por seguro que el tiempo se encargará de recordarle que tomó una mala decisión.

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